
Actualmente se habla bastante sobre PROYECTO DE VIDA. A mi juicio, se trata de la suma de proyectos que van tejiendo aprendizajes con base en experiencias que conforman el entramado de la cotidianidad.
Formular un PROYECTO DE AULA equivale a darle un norte a esas vivencias continuas que se comparten con los (as) estudiantes y su docente dentro y fuera de ella, que trascienden los momentos educativos y formativos y hasta los años en los que se acumulan recuerdos imborrables de aquel o aquella aventura en la escuela.
Que un niño o una niña aprendan es formidable, pero que se sientan protagonistas, dueños (as) y señores(as) de este aprendizaje, es ¡sencillamente mágico!. Inevitablemente nos transporta a través del recuerdo a nuestros primeros años en la escuela primaria y nos convoca a continuar siendo ejemplo de vida como lo fueron nuestros maestros en su época; a optimizar el tiempo de trabajo, los recursos, a aprovechar los esfuerzos y a cautivar el interés de cada estudiante quien es escritor (a), un investigador (a), documentalista y ante todo soñador(a) de futuros alcanzables y creibles.
Su desempeño por la travesía hacia el conocimiento pasa por los logros de la interacción en armonía y sana convivencia con su entorno y a la vez por el acercamiento con la ciencia, la tecnología y la trascendencia como ser humano(a) en la construcción de un mundo posible y vivible.
Siendo los niños y niñas el centro del APRENDIZAJE, un proyecto puede surtir la magia de hacer del aprendizaje su centro de interés y de paso, convertir los entornos educativos en lugares amenos y gratificantes.
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